Algunas enzimas de nuestro organismo (proteasas) transforman la proteína de la soja en proteína de soja hidrolizada, aunque también se puede lograr en su procesado para la elaboración de alimentos con soja.
La proteína hidrolizada de soja actúa frenando la producción de colesterol en el hígado, bloqueando su absorción en el intestino y reduciendo su almacenamiento. Lo que se traduce en una menor presencia de colesterol en sangre.
Se posee evidencia científica de que la proteína de soja hidrolizada consigue reducir de forma más eficaz el colesterol en sangre que la proteína no tratada.
Estudios científicos confirman que el consumo regular de proteína de soja reduce significativamente las concentraciones de colesterol total y colesterol-LDL (colesterol que incrementa el riesgo cardiovascular). Del mismo modo, se ha comprobado que las isoflavonas de la soja acentúan la acción de estas proteínas sobre el colesterol y potencian el incremento del colesterol-HDL (colesterol con efecto cardioprotector).
Los fosfolípidos de la soja asociados a su proteína potencian la reducción de los triglicéridos. Este efecto sobre los lípidos sanguíneos es más importante en personas que tienen niveles demasiado elevados de colesterol que en la población sin este problema.
Los beneficios de la soja sobre los lípidos en sangre no sólo se deben a cambios cuantitativos, sino también a cambios cualitativos:
Equilibra la proporción entre colesterol-LDL (con alto riego cardiovascular) y colesterol-HDL (con efecto cardioprotector).
Incrementa la presencia de grasas cardioprotectoras, como las grasas poliinsaturadas.
Evita la oxidación de los lípidos, que hace que éstos se unan a las paredes arteriales.
Forma moléculas transportadoras de grasa en sangre (lipoproteínas), que tienen menor atracción por las paredes de los vasos sanguíneos (cambia la estructura de las lipoproteínas).
De acuerdo con las guías de consenso internacionales sobre el tratamiento de la dislipemia, en pacientes con niveles de colesterol leve o moderadamente elevados, una primera intervención terapéutica consiste en modificar hábitos de vida entre los que se incluye la dieta. Se ha observado que una dieta con un bajo contenido de grasas saturadas y un aporte de proteína de soja puede ser muy eficaz en la reducción del colesterol.
Por otra parte, hay resultados publicados sobre la utilidad de la dieta rica en soja complementando la pauta de un medicamento convencional. Perece ser que la pauta de un medicamento hipolipemiante más una dieta con soja logra reducciones más importantes del colesterol que la utilización del medicamento solo.